El Espíritu Santo

1: La obra del Espíritu Santo
Cuando Dios planeó la gran obra de salvar pecadores, él proveyó dos dones. Él
dio a su Hijo y él dio a su Espíritu. De hecho cada Persona de la Trinidad se
involucro en esta gran obra de salvación. El amor, gracia y sabiduría del Padre la
planeó; el amor, gracia y humildad del Hijo la compró; y el amor, gracia y poder del
Espíritu Santo capacitó a los pecadores para creer y recibirla.
La primera gran verdad en esta obra de salvación es que Dios envió a su Hijo
para tomar nuestra naturaleza en él y sufrir en ella por nosotros. La segunda grande
verdad es que Dios dio a su Espíritu para traer a los pecadores a la fe en Cristo y
así ser salvos.
Cuando el Señor Jesucristo estaba por dejar el mundo, el prometió enviar a su
Espíritu Santo para estar con sus discípulos (Jn. 14:16-18, 25-27; 15:26; 16: 5-15).
Aunque fué un gran privilegio el haber conocido a Cristo cuando vivió en la tierra,
pero iba a ser uno mucho mas grande el conocerlo revelado a nuestros corazones
por el Espíritu Santo (2 Co. 5:16)
Una gran obra del Espíritu Santo es de convencer a los pecadores que el
evangelio que les es predicado es verdad y de Dios. Otra gran obra que él hace es
de hacer santos a los que creen al evangelio. (2 Co. 3:18)
Si el Espíritu Santo no obra con el evangelio, entonces el evangelio viene a ser
una letra muerta y el Nuevo Testamento viene a ser tan inútil para los Cristianos así
como el Antiguo Testamento es para los Judíos (Is. 59:21). A consecuencia
debemos darnos cuenta que todo el bien espiritual que surge de la salvación es
revelado y dado a nosotros por el Espíritu Santo. Debemos también entender que
todo lo que es hecho en nosotros y todo lo que somos capacitados para hacer que
es santo y aceptable a Dios es por el Espíritu Santo obrando en nosotros y con
nosotros. Sin él no podemos hacer nada (Jn. 15:5). Por el Espíritu Santo somos
nacidos de nuevo, hechos santos y capacitados para agradar a Dios en cada obra
buena.
Es en vista de la grandeza de esta obra que la Escritura nos advierte que el único
pecado que no puede ser perdonado es la blasfemia contra el Espíritu Santo (Mr.
3:28, 29; Mt. 12:31, 32).
Por cuanto el ministerio del Espíritu Santo es traer a los pecadores a creer en la
sangre de Cristo para perdón de pecados, si en llevando esta óbra acabo es
menospreciado, rechazado y blasfemado, entonces no puede haber perdón de
pecados y no hay salvación. Dios no tiene otro Hijo para ofrecerlo como otro
sacrificio por el pecado. La persona que menosprecia el sacrificio de Cristo no tiene
otro sacrificio al cual acudir (He. 10:27, 29; 1Jn. 5:16). De la misma manera, Dios no
tiene otro Espíritu que nos capacite a recibir ese sacrificio y ser salvos. Así que el
que menosprecia y rechaza al Espíritu Santo no se le a dado otro Espíritu que lo
capacite a recibir a Cristo y ser salvo. Es entonces vital, pues, de aprender sobre el
Espíritu Santo y su obra.
Por toda la historia, muchos han hecho falsas afirmaciones en el nombre del
Espíritu Santo. Porque el error a sido enseñado, y cosas malas se han hecho en su
santo nombre, es de gran importancia conocer la verdad sobre él y de lo que él vino
a hacer. No hay nada mas vil que el que pretende ser de Dios y no lo es.
El Espíritu Santo

El Espíritu Santo

1: La obra del Espíritu Santo
Cuando Dios planeó la gran obra de salvar pecadores, él proveyó dos dones. Él
dio a su Hijo y él dio a su Espíritu. De hecho cada Persona de la Trinidad se
involucro en esta gran obra de salvación. El amor, gracia y sabiduría del Padre la
planeó; el amor, gracia y humildad del Hijo la compró; y el amor, gracia y poder del
Espíritu Santo capacitó a los pecadores para creer y recibirla.
La primera gran verdad en esta obra de salvación es que Dios envió a su Hijo
para tomar nuestra naturaleza en él y sufrir en ella por nosotros. La segunda grande
verdad es que Dios dio a su Espíritu para traer a los pecadores a la fe en Cristo y
así ser salvos.
Cuando el Señor Jesucristo estaba por dejar el mundo, el prometió enviar a su
Espíritu Santo para estar con sus discípulos (Jn. 14:16-18, 25-27; 15:26; 16: 5-15).
Aunque fué un gran privilegio el haber conocido a Cristo cuando vivió en la tierra,
pero iba a ser uno mucho mas grande el conocerlo revelado a nuestros corazones
por el Espíritu Santo (2 Co. 5:16)
Una gran obra del Espíritu Santo es de convencer a los pecadores que el
evangelio que les es predicado es verdad y de Dios. Otra gran obra que él hace es
de hacer santos a los que creen al evangelio. (2 Co. 3:18)
Si el Espíritu Santo no obra con el evangelio, entonces el evangelio viene a ser
una letra muerta y el Nuevo Testamento viene a ser tan inútil para los Cristianos así
como el Antiguo Testamento es para los Judíos (Is. 59:21). A consecuencia
debemos darnos cuenta que todo el bien espiritual que surge de la salvación es
revelado y dado a nosotros por el Espíritu Santo. Debemos también entender que
todo lo que es hecho en nosotros y todo lo que somos capacitados para hacer que
es santo y aceptable a Dios es por el Espíritu Santo obrando en nosotros y con
nosotros. Sin él no podemos hacer nada (Jn. 15:5). Por el Espíritu Santo somos
nacidos de nuevo, hechos santos y capacitados para agradar a Dios en cada obra
buena.
Es en vista de la grandeza de esta obra que la Escritura nos advierte que el único
pecado que no puede ser perdonado es la blasfemia contra el Espíritu Santo (Mr.
3:28, 29; Mt. 12:31, 32).
Por cuanto el ministerio del Espíritu Santo es traer a los pecadores a creer en la
sangre de Cristo para perdón de pecados, si en llevando esta óbra acabo es
menospreciado, rechazado y blasfemado, entonces no puede haber perdón de
pecados y no hay salvación. Dios no tiene otro Hijo para ofrecerlo como otro
sacrificio por el pecado. La persona que menosprecia el sacrificio de Cristo no tiene
otro sacrificio al cual acudir (He. 10:27, 29; 1Jn. 5:16). De la misma manera, Dios no
tiene otro Espíritu que nos capacite a recibir ese sacrificio y ser salvos. Así que el
que menosprecia y rechaza al Espíritu Santo no se le a dado otro Espíritu que lo
capacite a recibir a Cristo y ser salvo. Es entonces vital, pues, de aprender sobre el
Espíritu Santo y su obra.
Por toda la historia, muchos han hecho falsas afirmaciones en el nombre del
Espíritu Santo. Porque el error a sido enseñado, y cosas malas se han hecho en su
santo nombre, es de gran importancia conocer la verdad sobre él y de lo que él vino
a hacer. No hay nada mas vil que el que pretende ser de Dios y no lo es.
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