IGLESIA: Algo nuevo se asoma en el horizonte

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Los tiempos que vivimos y los que vienen no serán fáciles para la Iglesia del Señor. Hay un desafío por delante, ya que Dios quiere traer algo nuevo; y como todo lo nuevo, no siempre es algo cómodo. Los tiempos que vienen para el mundo y la Iglesia.

Por “la gracia de Dios”, el “movimiento” de la tercera ola o “nueva unción” sigue el curso estipulado por Dios, y causa lo mismo que los movimientos anteriores: por un lado gran bendición y, por el otro, conflicto. Muchos han abrazado esta nueva ola, otros la han rechazado.

Creo firmemente que la tercera ola o nueva unción dará a luz “algo nuevo de parte de Dios”. El Señor ha trazado una estrategia para que esto acontezca y ha comenzado a mover las piezas del tablero mundial.

El Señor está rompiendo los patrones generales de pensamiento, que sostenían que Dios primero iba a trabajar en su “Iglesia” para luego bendecir al mundo, y ha comenzado a trabajar paralelamente, es decir, dentro y fuera de la iglesia a la vez, a fin de preparar a la humanidad y a la misma Iglesia para recibir su nueva “manifestación gloriosa”.

El trabajo que Dios ya ha comenzado a hacer en la humanidad lo encontramos resumido en las palabras del pasaje de Hebreos 12:26-27: “Su voz conmovió la tierra, pero ahora ha prometido: ‘Una vez más haré que se estremezca no sólo la tierra sino también el cielo’. La frase ‘una vez más’ indica la transformación de las cosas movibles, es decir, las creadas, para que permanezca lo inconmovible”. Lo que Dios se ha propuesto hacer, utilizando diversas situaciones, es permitir el sacudimiento de todos los sistemas del mundo con el propósito de quebrar toda fuente de seguridad y, además, demostrar la fragilidad y vulnerabilidad del ser humano.

Cosas extrañar e impensadas de todo tipo están haciendo de nuestro mundo un lugar donde cada vez se hace más difícil vivir tranquilos. Dios está creando una ciencia en todo el mundo de que no hay nada firme o estable de donde aferrarse. Esta sensación de vacío e inseguridad en la gente, acompañada de la irrupción de lo “nuevo” de Dios, dará lugar a la más grande “cosecha de almas” de la historia. La gente reconocerá que la verdadera seguridad y estabilidad se encuentra solo en Jesucristo, la Roca firme.

Cambios en la Iglesia
La mayoría de los grandes hombres y mujeres de Dios coinciden en que la Iglesia actual está en un estado crítico en gran parte del mundo. Bill Bright, fundador de Cruzada Internacional para Cristo, en su libro El avivamiento que viene,
describe con absoluta precisión el estado actual de la Iglesia. Dice lo siguiente con palabras sabias y punzantes:

«Miremos la condición de la Iglesia para entender su decadencia. Primero, los cristianos han dejado su primer amor. De acuerdo a muchas encuestas, la mayoría de los creyentes han perdido el fervor espiritual original y fueron atrapados por las cosas del mundo. Segundo, los cristianos en su gran mayoría están divididos. Con tantas denominaciones y creencias distintas, la Iglesia parece estar metida en una batalla sobre temas doctrinales (…) Además, muchas congregaciones están desgarradas por las luchas internas. En vez de ser un refugio para el abatido espiritual, a menudo las iglesias están batallando con la carnalidad (…) Hay miles de iglesias en toda la nación que están quebradas por la amargura, la división, la competencia y por la animosidad entre los miembros de la congregación.

»Tercero, los cristianos a menudo reflejan una pobre imagen. Cuando era joven, muchos incrédulos como yo pensábamos que la iglesia era el lugar para los afeminados, las mujeres y los niños. Hoy el típico “macho independiente” piensa lo mismo. En Hollywood –el cine– también representa a los ministros como hombres que sirven a Dios pero luchan con la codicia por las mujeres (…) Desde el púlpito muchos líderes cristianos condenan el pecado, pero en privado son culpables de lo mismo.

Agregado a eso, el índice de divorcios entre los cristianos confirma la percepción de que los creyentes son poco diferentes a los no creyentes. Cuarto, los cristianos han perdido su influencia en la sociedad (…) La respuesta descansa en el hecho de que muchos de los que se llaman a sí mismo cristianos no lo son en absoluto; son religiosos pero nunca han experimentado una relación personal con Jesucristo, y muchos de aquellos que sí son cristianos viven vidas mundanas o carnales.

»Quinto, los cristianos buscan soluciones fáciles y un éxito rápido. La mayoría de los ministros evitan predicar sermones sobre la santidad y el arrepentimiento. En cambio, hablan lo que la grey quiere escuchar, predican mensajes para sentirse bien, basados en la prosperidad y en el éxito en la vida. No se les habla de buscar el reino de Dios y su justicia, ni cumplir con la Gran Comisión.

»Sexto, la iglesia está debilitada con una mentalidad débil y adormecida cuando se la confronta con las condiciones del mundo y el llamado a la acción. Dicen encogiéndose de hombros: ‘Jesús dijo que estas cosas iban a pasar, ¿para qué preocuparse?’ En vez de pensar en hablar de su fe, viven esperando el rapto para escapar e ir al cielo. Séptimo, el mundo se ha metido tanto en la iglesia que esta ha llegado a estar condicionada culturalmente (…) Cristo mismo nos encomendó ser agentes para cambiar el mundo más que ser agentes cambiados por el mundo, pero hemos estado muy hipnotizados por los engaños de la cultura moderna».

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Por cierto, Dios no se quedará de brazos cruzados viendo la situación decadente de su Iglesia. Por consiguiente, habrá un sacudimiento de santificación para originar un proceso de arrepentimiento, depuración y acomodamiento que calificará a la iglesia para recibir lo nuevo de Dios. Sin este sacudimiento será imposible que la Iglesia pueda contener lo que Dios derrame, y que pueda cumplir lo que Dios ha decidido hacer en el mundo a través de ella. Los odres viejos no sirven para contener el vino nuevo.

El Señor, además de trabajar en la Iglesia, comenzará también a moverse en aquellas organizaciones cristianas paraeclesiásticas que no funcionan según los principios del reino de Dios, sino de acuerdo a los parámetros del mundo. Lamentablemente, en la actualidad no son muchas las empresas u organizaciones cristiana que buscan primero los intereses del reino de Dios y la dirección del Espíritu Santo. Es por eso que el Señor también va a intervenir en ellas para que puedan ser parte del plan estratégico de Dios para el tiempo final.

Dios, que es dador por excelencia, quiere derramar de su Espíritu Santo constantemente, pero a menos que haga algo nuevo en su Iglesia, en general todos estos derramamiento del Espíritu de desperdiciarán debido a que las vasijas receptoras –la Iglesia– no están preparadas, pues tienen grietas originadas por el pecado, la liviandad y la mundanalidad.

Estamos a las puertas de un cambio radical, producido por Dios, de lo que se conoce como cristianismo. Dios ha decidido cambiar por completo la cara de su Iglesia para cumplir su propósito final con la humanidad.

La decadencia y la mundanalidad dentro de la Iglesia han producido que la gente ya no crea lo que allí se predica. La misma ha perdido credibilidad ante el mundo. Cuando uno les habla de Cristo, de inmediato dicen frases como: “No, la religión no me interesa, ni tampoco pienso ir a la iglesia”.

Tenemos que ser sinceros y darnos cuenta de que con el estado actual de nuestro cristianismo, impregnado de liviandad, farisaísmo y religiosidad, el Señor no podrá cumplir su misión final. Un cristianismo decadente no puede impactar la sociedad, y muchos menos vencer a las fuerzas de maldad. No podemos pretender un avivamiento sin un verdadero arrepentimiento, si vivimos por debajo de lo que Dios espera para sus hijos.

Pero tengo una buena noticia para usted: ¡Dios quiere comenzar un nuevo proceso dentro de su Iglesia, para bendecirla! Las cosas están por cambiar para bien. Vienen nuevos tiempos para la Iglesia de Jesucristo.

Tomado del libro: La cuarta ola del Espíritu Santo de Editorial Vida

Ritchie M. Pugliese


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