LA EPÍSTOLA DE SANTIAGO

LA EPÍSTOLA DE SANTIAGO
La fe que actúa
C.P. Plooy

INTRODUCCIÓN

1. AUTOR 

No se puede decir con total seguridad quién ha escrito esta epístola. El autor se
nos presenta solamente como “Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo
(1:1).
El problema es que en el Nuevo Testamento aparecen varios hombres con este
nombre. Por lo tanto hay que elegir entre uno de ellos, aunque no podamos ir más
allá que decir cuál nos parece más probable.
Partiendo de la idea de que solamente las epístolas de los apóstoles, con
autoridad apostólica, debían estar recogidas en el canon de los escritos del Nuevo
Testamento, en la Iglesia primitiva se buscaba al autor en el círculo de los apóstoles.
Había dos discípulos de Jesús, que fueron después sus apóstoles, que se llamaban
Santiago: el hermano de Juan y el hijo de Alfeo (Mt.10:2-4). Del último no sabemos
nada más, pero al primero se le menciona muchas veces junto con Pedro y Juan
como testigo principal de destacados acontecimientos. También llega a ser una
persona importante en la iglesia de Pentecostés. Pero muy pronto, en el año 44 d.C.
es decapitado por orden de Herodes (Hch.12:1,2). Por eso difícilmente ha podido
escribir esta epístola, porque del contenido se desprende claramente que no va
dirigida a recién convertidos, sino a judíos cristianos que huyeron de Jerusalén
después del martirio de Esteban, y que habían sido esparcidos hacia las regiones del
norte (Hch. 8:1,4 y 11:19).
Si el autor no ha sido uno de los doce, y sin embargo era lo suficientemente
conocido como para poder presentarse sin añadido alguno en el primer versículo de
la epístola, nos queda solamente Santiago, el hermano del Señor Jesús (Mr.6:3), que
durante años ha sido un hombre con mucha autoridad en la iglesia madre de
Jerusalén (Hch.12:17; Gá.1:19). Según Pablo, él era una de las columnas de la
congregación (Gá.2:9).
En la asamblea de Jerusalén, descrita en Hechos 15, su palabra es de gran peso e
incluso decisiva en la discusión sobre la cuestión de si las antiguas instituciones
judías como la circuncisión tenían que imponerse, y en qué medida, a los cristianos
de origen gentil. ¡Esta discusión es una prueba de cómo la primera congregación de
Jerusalén tuvo presente la imagen de Israel como olivo, y los creyentes como ramas
silvestres injertadas en el olivo (Ro.11:16-24)!
A través de la postura sabia a la que finalmente llegó la asamblea por medio del
consejo de Santiago, llegamos a conocer a un Santiago que muy bien puede ser el
autor de esta epístola: un hombre que está y estará siempre vinculado en cuerpo y
espíritu al Dios de Israel y al pueblo del Pacto, y que en un momento crucial de su
vida ha llegado a creer en Jesucristo y a confesarle como el Mesías de Israel que no
ha venido para abolir la Ley sino para cumplirla (Mt.5:17). Un líder espiritual
excepcionalmente capacitado para señalar el Camino a los judeo-cristianos, un
camino que no es otro que aquél del antiguo Pacto, pero que en el nuevo Pacto ha
adquirido un Nombre y una Figura en Jesús. Él mismo es el Camino (Jn.14:6).
El hecho de que Pablo después de su conversión visitó a Santiago (Gá.1:19), y
otra vez después de su tercer viaje misionero (Hch.21:18), muestra que Santiago
ocupaba un lugar destacado en la congregación de Jerusalén.
6¿Qué más sabemos de este hermano de nuestro Señor Jesús?

Jesús debe haber tenido por lo menos dos hermanas y cuatro hermanos (Mt.13:55,56). Se menciona
como hermanos a Santiago, José, Simón y Judas. Si Mateo los ha puesto por orden
de edad, entonces Santiago era el hermano (o hermanastro) mayor después de Jesús.
De los otros únicamente se conoce a Judas por la epístola que se incluye en el
Nuevo Testamento,…

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