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La importancia del Maestro….

La importancia del Maestro

Para aquellos y aquellas que invierte su vida en la formación de otros.

La importancia del Maestro....: crecimiento espiritual Cada maestro semanalmente tiene el privilegio de que Dios coloque muchos corazones en sus manos. ¬ŅNo es eso suficiente como para responder con solemnidad y fervor a esa vocaci√≥n? Si barro fuera la vida, los maestros estampar√≠an sus huellas en el alma.Pablo une a los maestros a la par con los pastores en la peque√Īa lista de la ep√≠stola a los Efesios: “Constituy√≥ a unos ap√≥stoles, otros profetas () pastores y maestros” (4:11). Se da a entender la estrecha colaboraci√≥n que existe entre unos y otros, y la cercan√≠a de sus trabajos. No hace falta argumentar en contra de quienes creen que cualquier hermano puede sentarse en una silla y ense√Īar a otros, como si Dios no hubiera dado el don seg√ļn su discreci√≥n.

El llamamiento del maestro
Para realizar la tarea hay que tener vocaci√≥n. Si revisas en 1 Corintios 12 los dones espirituales dados por El Esp√≠ritu Santo, ver√°s que ser maestro es uno de ellos. La vocaci√≥n es mucho m√°s que conocimientos y muy buena disposici√≥n. Uno puede tener gracia para ser salvo, pero no para ense√Īar. El que as√≠ trata de hacerlo no edifica lo suficiente con sus palabras, ni es bendecido como debiera.

¬†La palabra maestro en griego es didaktik√≥n, de la cual se deriva did√°ctica, el arte de ense√Īar.

Aprende a ense√Īar. Cuando quieran elegirte como maestro tal vez no tengas suficiente conocimiento de did√°ctica, pero s√≠ disposici√≥n para recibirlo; en ese caso, es mejor esperar hasta el a√Īo siguiente e incorporarte en alg√ļn curso de preparaci√≥n que te suministre los conocimientos m√≠nimos de did√°ctica para que seas de provecho.

Un poco m√°s adelante en 2 Timoteo 2:2 el mismo ap√≥stol dice: “Esto encarga a hombres fieles que sean id√≥neos para ense√Īar tambi√©n a otros”. Emplea la misma palabra que ya conocemos (did√°chai) que significa ense√Īar y tambi√©n la expresi√≥n hikano√≠ en su acepci√≥n de id√≥neos. Esta √ļltima palabra es la que se traduce “digno” en 1 Corintios 15:9, pero ser√≠a m√°s exacta si se tradujera “competente” o “capaz”. El don para ense√Īar es recibido, pero podemos hacer mucho para desarrollarlo.

La aptitud del maestro
¬ŅCu√°les ser√≠an las caracter√≠sticas que hacen de un maestro una persona apta?:

1. Tener suficientes conocimientos b√≠blicos. 2. Es preferible que no sea un reci√©n convertido. 3. Poder hablar sin problemas. 4. Ir aprendiendo a ense√Īar a otros.

Espero que no seas uno, pero hay una gran disposici√≥n para ofrecerse como maestros de personas no aptas para el cargo porque padecen de des√≥rdenes emocionales o tienen alg√ļn mal h√°bito. La amistad que establecen con sus alumnos, sobre todo si son j√≥venes o ni√Īos, resulta m√°s nociva que beneficiosa. Si esos u otros ‚Äďespero que no seas uno‚Äď llegan a ser maestros, instruir√≠an a trav√©s del lente de sus propias experiencias e √≠nfulas psicol√≥gicas originadas por sus desajustes emocionales; y podr√≠an hacer que los ojos de sus alumnos se enfoquen en una realidad torcida.

Un maestro cuya ni√Īez haya carecido de amor o no lo tenga de adulto, quiere, ansioso, como la tierra sedienta que espera el roc√≠o, la ternura de ni√Īos y j√≥venes disc√≠pulos. Dios nos ha hecho para el amor, y las palabras de reconocimiento son bienvenidas al esp√≠ritu no dependiente de ellas. Eso es distinto a estar enfermo de adulaci√≥n, o morirse si no hay reciprocidad. Hay que estar llenos de otra cosa, que no sean las ternuras ausentes.

Un maestro lleno de gracia
Hace algunos a√Īos acompa√Īaba a unos hermanos alba√Īiles a recoger arena en una playa para el edificio que constru√≠amos. Hicimos varios viajes y carg√°bamos el cami√≥n siempre en el mismo lugar. Cada vez que nos retir√°bamos dej√°bamos un hueco y, al volver a la semana siguiente, el hoyo ya hab√≠a sido rellenado por el propio mar que se encargaba de renovar lo que se hab√≠a perdido. La gracia divina es as√≠. Por mucho que uno saque de ella, el Se√Īor siempre tiene para prestarnos toda la que nos haga falta. Por eso nos dice: “Porque de su plenitud tomamos todos y gracia sobre gracia” (Juan 1:16). Nos hace mucha falta para nuestro trabajo, y ante todo para nuestras propias personas.

Cada vez que impartimos una clase consumimos gracia; a diario la usamos. Es el material de construcci√≥n en nuestra casa espiritual, el aceite √ļnico de las l√°mparas de nuestro lugar m√°s santo.

No somos perfectos, pero queremos ser grandes cristianos, no solamente a los ojos de los alumnos, sino de Dios.

Si me preguntaran ¬Ņqu√© quieres para ser un maestro eficiente? No pedir√≠a como Salom√≥n sabidur√≠a, sino gracia, misericordia, porque si aquello agrad√≥ a Jehov√°, estas dos cosas le agradar√≠an m√°s.

 Humberto Pérez es pastor , escritor y conferencista.

Fuente: La corriente del espíritu (periódico cristiano) 



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