Las cualidades de un buen liderazgo

Las cualidades de un líder emergente
 

 

“Un proyecto con buen liderazgo puede florecer y crecer, impactando positivamente a miles de vidas.” Marcos Witt

Bill Hybels
Bill Hybels

 

Algunas veces me pregunto cuánta “influencia” tendría “la Iglesia” en este mundo si sus líderes se enfocaran más en el “desarrollo del liderazgo”. Más líderes podrían impulsar más ministerios que podrían hacer frente a más necesidades. Más vidas podrían transformarse espiritualmente. Más matrimonios y familias podrían ser restaurados.
Más recursos podrían distribuirse entre los pobres. ¿Puede acaso imaginárselo? En veinte años el mundo podría ser un lugar diferente.
Pero esto no sucederá, a menos que nos comprometamos a encontrar líderes potenciales, y los desarrollemos.
A continuación quiero describir las cualidades del carácter de un líder emergente.  

La primera cualidad es la influencia
Los líderes potenciales siempre tienen una habilidad natural para influir en otros. Aunque no tuvieran la intención consciente de dirigir a la gente, ejercen influencia de modo automático.
No tengo que estar en un grupo de personas por mucho tiempo, antes de darme cuenta qué hombres y mujeres influyen en el resto del grupo. Se hace evidente de quién son las ideas que captan la atención de los otros, de quién son las sugerencias que se convierten en órdenes para marchar, de quién es la sabiduría que más se respeta.
El núcleo del liderazgo es la influencia. Por tanto, siempre estoy buscando personas que tengan la habilidad de influir en sus compañeros.

La segunda cualidad es el carácter
A mucha gente con influencia le falta carácter para usar esa influencia de manera constructiva o cristiana. Una vez que ubico a alguien con influencia, trato de discernir si él o ella tienen sinceridad, humildad, estabilidad, docilidad e integridad para manejar bien esa influencia. Puesto que generalmente ando en busca de líderes de iglesia, quiero ver evidencia de un sincero caminar con Dios, una rendición al Espíritu Santo y un compromiso a la autoridad de La Palabra de Dios.
Cuando conozco a alguien que parece tener influencia y carácter sólido, intensifico mi búsqueda de las tres cualidades restantes.

La tercera cualidad es la habilidad de tratar con los demás
Mi definición de “habilidad para tratar con los demás” incluye sensibilidad a los pensamientos y los sentimientos de otras personas, además de la habilidad para escuchar –y quiero decir escuchar de verdad– las ideas de otros. Busco personas que genuinamente se preocupen por otras, que no vean a los demás solo como medios para alcanzar un determinado fin.
Hace algunos años tuve un almuerzo con el hombre que muchos predijeron sería el próximo director ejecutivo de Disney. Lo que me impactó más que cualquiera otra de sus impresionantes habilidades de liderazgo, fue su aptitud de relacionarse. Escuchaba bien y elogiaba cálidamente a otros miembros del equipo. Daba toda evidencia de ser capaz de pasar con mucho éxito cualquier examen de inteligencia en relaciones humanas.

Los líderes superiores deben tener habilidades de tratar con la gente. Deben ser capaces de relacionarse maravillosamente con una amplia gama de personas, con individuos de personalidad peculiar, con asuntos de poder y con deficiencias de autoestima. Así que, siempre busco líderes con habilidades muy desarrolladas para tratar con los demás.

 

La cuarta cualidad es el dinamismo
También busco individuos orientados a la acción, que se sientan seguros de tomar la iniciativa. Estas son las personas que en los restaurantes son los primeros en decir: “Pidamos. Manos a la obra”.
En cierta ocasión el gerente general de una gran empresa me invitó a cenar en compañía de su junta ejecutiva. Él había seleccionado un restaurante de lujo y había reservado un salón privado. Este establecimiento sumamente complicado tenía todos los símbolos del buen comer, que incluían un mesero vestido de etiqueta con un falso acento europeo, y una servilleta colgando de un antebrazo.
LíderAparentemente, este hombre nos vio como su audiencia cautiva, y comenzó una perorata sobre la historia del restaurante, sus renovaciones recientes y qué maravillosa experiencia de cena estábamos a punto de disfrutar.

 


Pensé que mi gerente general anfitrión se saldría de las casillas. Esta cena era solo uno de los cinco puntos que tacharía en su agenda de esa noche. Finalmente, no se pudo contener más. Interrumpió la perorata, y dijo:
– Disculpe, siento interrumpirlo, pero estamos un poco apurados. ¿Podría, por favor, ir a la cocina y traer cualquier cosa caliente para que podamos comer enseguida? Sé que toda la comida aquí es excelente, así que, no importa lo que traiga con tal de que lo haga rápido. Muchísimas gracias.
Ese gerente no intentaba ser rudo. Pero no iba a permitir que esa experiencia gastronómica se extendiera tanto como para poner en peligro los demás puntos de la agenda que debía atender esa noche. Así que tomó acción inmediata. Inició un cambio de planes. No estoy sugiriendo que haya algo malo en tener cenas extensas; con el tiempo adecuado pueden ser maravillosas. Mi punto es que los buenos líderes consiguen que sucedan las cosas.
En el tránsito, las personas orientadas a la acción pasan la mayor parte de su tiempo en el carril rápido. En el supermercado son las que toman los productos de los estantes sin detenerse, porque quieren terminar la labor, de tal modo que puedan hacer algo más importante que comprar.

A menudo les digo a los potenciales miembros del personal que no busco lamparitas de cincuenta vatios. Busco lamparitas de cien vatios que alumbren toda la noche si es necesario. Lo que busco es dinamismo. Hablo de gente que tiene tanta energía que, sin querer intentarlo, vigorizan a otros.
El versículo de mi vida es 1 Corintios 15:58: “Manténganse firmes e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor”. Busco líderes con el empuje necesario para progresar en la obra del Señor. Cuando encuentro tales personas, me motivo en gran manera a invertir mi tiempo y energía en su desarrollo.

 

La cualidad final es la inteligencia
Cuando digo que busco inteligencia, no necesariamente quiero decir que busco puntajes altos en la Prueba de Aptitud Escolar, o un título de una de las más prestigiosas universidades. Lo que busco en líderes potenciales es rapidez mental. Busco gente despabilada, con la clase de sentido común mental que se requiere para procesar cantidades de información, cernirla, considerar todas las opciones, y generalmente tomar la decisión correcta. También busco alguien con una mente ávida, curiosa –lo llamo elasticidad intelectual–, que a la larga pueda aprender y crecer.
Estos cinco indicadores de liderazgo: influencia, carácter, habilidades para relacionarse, dinamismo e inteligencia, no conforman una lista completa. Pero dan un buen marco para una evaluación inicial.

Liderazgo audazCuando encuentro personas con todas, o con la mayoría de estas cualidades, comienzo a buscar las formas de incluirlas en mi órbita, para conocernos mejor y verificar mis observaciones iniciales.
Si descubro que tienen “el material” que ando buscando, intento colocarlos en la senda del desarrollo tan pronto como sea posible.

Tomado del libro: Liderazgo audaz de Editorial Vida

 



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