Liderazgo en transición

 

 
 
 

Liderar es la capacidad de guiar a otros a lugares que ellos –y usted– nunca han estado antes. Un análisis de la imperiosa necesidad de renovar las formas de guiar a la Iglesia.

Eddie Gibbs
Eddie Gibbs

El liderazgo es un tema complejo, no puede ser definido con una breve oración. Toma diferentes formas en diversas situaciones en las cuales los individuos demuestran rasgos contrastantes de liderazgo. Podemos identificar mucho más rápidamente las características del liderazgo por su ausencia porque, desafortunadamente, tenemos más experiencia en el vacío y confusión de liderazgo, que en el liderazgo que tiene un claro sentido de dirección y capacita a la comunidad que lidera.

Kenneth Cloke y Joan Goldsmith proveen dos amplias categorías que describen la ausencia de liderazgo en cualquier organización o comunidad: “zombificación y atrofiación”. En otras palabras, las personas han dejado de pensar por sí mismas y se vuelven letárgicas. Estas dos condiciones son por demás predominantes en muchas iglesias. Los autores proveen una variedad de síntomas que delatan:
Las personas son castigadas por estar conscientes y ser auténticas. En otras palabras, decir las cosas tal como son.

Los líderes dejan de decir la verdad y mienten, o mantienen silencio sobre cosas que son importantes.
La respuesta ya no está más orientada hacia la manera en que las personas pueden tener éxito, sino de qué manera han fracasado, no solamente en su trabajo sino también como seres humanos.
La evaluación de los logros se transforma en enjuiciamiento, y establece jerarquías antes que ser alentadora y de participación.
La honestidad está separada de la amabilidad, la integridad del progreso y el respeto de la comunicación.

Si estos indicadores son precisos para el mundo de los negocios, son aún más aplicables y están mucho más extendidos en lo referente a la iglesia. El porcentaje de bajas entre los líderes de la iglesia ha alcanzado niveles tan elevados, que resultan inquietantes debido a que los líderes dejan el ministerio de la iglesia local a causa de su agotamiento, enfermedades relacionadas al estrés y desilusión. Cuando las iglesias se vuelven disfuncionales y tóxicas, tienen la tendencia a proyectar sus problemas en los líderes, a quienes convoca y despide con rapidez creciente. Y en otros casos los líderes que quedan atrapados, sin tener otro lugar donde ir, simplemente se hacen un ovillo y se sientan a esperar la jubilación, igual que el puercoespín, pero sin la ventaja de las espinas protectoras.

Sin embargo, el escenario no es todo fatalidad y oscuridad. Algunos líderes mayores han pasado exitosamente la transición y están actualmente liderando congregaciones vibrantes. Algunos pocos líderes de megaiglesias que son abiertas y sensibles, y que pasaron al frente entre los años 1980 y 1990, están a punto de dar un segundo –e igualmente radical– paso en el siglo XXI, con el propósito de retener y alcanzar a aquellos que tienen menos de treinta. Sin embargo, algunos de los líderes más arriesgados en ponerse en contacto con los movimientos de la contracultura de la década de 1960, a partir de entonces se han transformado en los más conservadores en cuanto a su forma de reaccionar a los desafíos de la cultura actual. Aún llevan las cicatrices de aquella previa fase de emprendimiento, y no tienen energía de reserva para enfrentar un nuevo desafío.

LíderesConozco a dos o tres pastores de megaiglesias que están reconsiderando sus prioridades en el ministerio, y que reconocen que hay un deseo creciente de que las estructuras de la iglesia tengan más que ver con lo relacional, y menos énfasis en una actuación profesional manejada desde el escenario, con un mayor enfoque hacia la necesidad de participación activa en la experiencia de adoración, la ministración unos con otros y la misión al mundo.

Definición de líderes y liderazgo
Es posible definir el liderazgo de tal manera que se aplique a través del tiempo en relación a la iglesia, más allá de su tradición particular o contexto. J. Robert Clinton da la siguiente definición: “Un líder cristiano es una persona con una capacidad y una responsabilidad otorgadas por Dios para influenciar a un grupo específico de personas de Dios, hacia el logro del propósito que Dios tiene para el grupo”. Esta definición dirige la atención hacia la iniciativa de Dios al convocar liderazgo, un punto que se enfatiza con fuerza a través de toda La Escritura.

Solamente tenemos que pensar en el llamado a Abram, José, Moisés, Gedeón, David, Isaías, los doce y el apóstol Pablo, así como los roles de liderazgo que tuvieron Miriam, Débora, Dorcas y Priscila, y el ministerio profético de las cuatro hijas del evangelista Felipe. Muchos de estos individuos no fueron elecciones obvias en términos de sus capacidades y experiencia innatas, sino que en cada caso, al recibir el llamado, fueron equipados por Dios con el propósito de cumplir con su llamamiento.

Su rol fue “influenciar” y no dominar al grupo en el cual se le dieron las responsabilidades de liderazgo. El uso que Clinton da al término grupo deja abierta la extensión de su liderazgo. Algunos individuos ejercitaron liderazgo detrás de la escena, dando consejo, y como mentores de otros líderes que tuvieron una esfera de influencia mucho más pública y extensa.

Esto es muy diferente a gran parte de la literatura sobre liderazgo de la década de 1980, que enfocaba hacia un liderazgo de alto poder, emprendedor, que fuera ejercitado por personalidades impresionantes y carismáticas. Este uso secular del término carismático no se aplica al don espiritual, sino a personas de conversación muy rápida, con personalidades magnéticas, egos inflados y las grandiosas ideas necesarias para que les produzcan a ellos un sentido de realización personal.

Afortunadamente, esta manera de entender el liderazgo ha sido fuertemente desafiada en los años recientes. Hay una evidencia creciente que demuestra que un perfil así, de liderazgo carismático, no se sostiene a largo plazo, y finalmente tiene un efecto debilitante para la entera organización sobre la que ha sido impuesto.

Liderar en una cultura de cambiosJames Kouzes y Barry Posner enfatizan que “liderazgo no es algo exclusivo de unos pocos hombres y mujeres carismáticos, sino que es un proceso del que hacen uso las personas comunes cuando están sacando a la luz lo mejor de sí mismos y de otros. El liderazgo es la capacidad de guiar a otros a lugares que ellos –y usted– nunca han estado antes”.

Tomado del libro: Liderar en una cultura de cambios de Editorial Peniel

 

Eddie Gibbs


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