Testimonio: Breve biografía del Dr. Martyn Lloyd-Jones

Breve biografía del Dr. Martyn Lloyd-Jones
La muerte del Dr. Martyn Lloyd-Jones supuso la pérdida de uno de los grandes pilares de la Iglesia evangélica del siglo XX.  No obstante, la metáfora del pilar tiene connotaciones excesivamente rígidas a la hora de describir una figura semejante, dado que su liderazgo espiritual e intelectual instauró una nueva dinámica que poco tenía que ver con la Iglesia que se encontró a mediados de los años 20 de ese siglo. Para cuando llegaron los años 50, su impacto ya se había hecho notar plenamente; para entonces ya había ministros, no solo en el Reino Unido sino por todo el mundo, que comprendían y predicaban un Evangelio con todo su alcance. Ese Evangelio volvió a descansar entera y exclusivamente sobre el armazón de la teología reformada, basada a su vez en el fundamento seguro de la autoridad bíblica y apostólica, y difundida por el ejemplo de la evangelización del siglo XVIII. El Dr. Lloyd-Jones se formó en el metodismo calvinista galés, primeramente de niño en Gales y más adelante como joven estudiante en Londres, cuando la Charing Cross Chapel –a la que asistía su familia– vivía de los últimos rescoldos nostálgicos del avivamiento Galés. Poca doctrina había que pudiera hacer frente a la ola de liberalismo imperante o permitiera hacer distingos entre quienes frecuentaban la iglesia y los cristianos genuinos. Los tres hijos de la familia Lloyd-Jones tuvieron oportunidad de establecer un fructífero intercambio intelectual, pero todos ellos anteponían su carrera profesional a la fe que profesaban. Martyn escogió la Medicina: tras pasar por la escuela, cursó estudios en Barts, uno de los principales hospitales clínicos de Londres, y demostró una gran brillantez. Aprobó los exámenes a una edad tan temprana que tuvo que esperar para poder obtener el título de Doctor. Para entonces ya era el principal ayudante clínico de sir Thomas Horder, uno de los médicos más famosos y reputados de su época. Para cuando había cumplido los 26 ya había llegado a ser MRCP (miembro del Real Colegio de Médicos), y ya había ascendido meteóricamente en la calle Harley1, con una brillante y lucrativa carrera profesional ante sí. Pero entonces sucedió algo. Poco a poco, a raíz de sus lecturas personales, el Evangelio cristiano comenzó a abrirse camino en su mente merced a su irresistible poder de atracción y a su aplastante lógica, semejante a la arquería que sustenta una gran catedral. No experimentó ninguna experiencia de conversión dramática, pero llegó un momento en que se había entregado por entero al Evangelio cristiano. Una vez que eso hubo sucedido, cada vez que recibía pacientes en su consulta y escuchaba los síntomas de quienes acudían a verlo, tenía más claro que lo que verdaderamente necesitaban muchos de ellos no era atención médica, sino el Evangelio que él mismo había descubierto. Podía tratar los síntomas, pero solo el poder de la conversión cristiana podía curar su angustia, su tensión y sus obsesiones. Cada vez estaba más convencido de que la mejor forma de utilizar su vida y sus aptitudes era predicar el Evangelio. Paralelamente, se enfrentó a una crisis adicional. Deseaba contraer matrimonio con Bethan Phillips, que asistía a la iglesia de Charing Cross junto a sus padres y sus dos hermanos. Su padre era un popular oftalmólogo y Bethan estaba a punto de licenciarse como doctora en el University College Hospital. Tras un prolongado cortejo le hizo saber que deseaba renunciar a su carrera en la calle Harley y convertirse en ministro eclesiástico. Después de un año en que el Señor también la guio con claridad, se casaron, y en 1927, tras una luna de miel en Torquay, se mudaron a su primera casa, una pequeña casa pastoral en Aberavon, junto a Port Talbot. La dramática mudanza del joven especialista de la calle Harley y su nueva esposa difícilmente podía pasar desapercibida, y la prensa se les echó encima. En cierta ocasión la Sra. Lloyd-Jones despidió a un reportero de la puerta de su casa con la afirmación de que se abstenía de hacer declaración alguna: al día siguiente, espantada, se topó con el titular de “‘Mi marido es un hombre maravilloso’, afirma la Sra. Lloyd-Jones”. La descripción que hizo la prensa de la sólida casa pastoral de dos pisos como una “cabaña junto al muelle”, no sentó muy bien a las autoridades. Los médicos locales tampoco estaban demasiado contentos: tenían la certeza de que había venido para dejarlos en evidencia y robarles la clientela. Todo podía haberse torcido, pero no fue así. El Dr. Lloyd Jones no era otro joven ministro más recién salido de un seminario teológico liberal que adaptara su mensaje a las ideas imperantes y a los prejuicios de su congregación. Tenía la determinación de predicar su mensaje con la claridad meridiana con que lo había recibido. Tal cosa fue difícil de aceptar para algunos miembros de la congregación, que terminaron por marcharse. Pero su lugar, lentamente al comienzo, fue quedando cubierto por un creciente número de personas cautivadas por la Verdad: la clase obrera de Gales del Sur. El mensaje los atrajo y el poder del Espíritu Santo los convirtió. No había llamamientos dramáticos, tan solo un joven con el claro mensaje de la justicia y el amor de Dios, lo cual fue llevando a los casos más difíciles al arrepentimiento y la conversión. Fue incapaz de renunciar totalmente a su carrera médica. En el Gales del Sur de The Citadel (La ciudadela)2 de Cronin, sus brillantes diagnósticos no eran demasiado comunes. Pasados unos breves años en los que la comunidad médica local lo dejó deliberadamente de lado, lo llamaron para que examinara un caso que desafiaba los diagnósticos. Sabía exactamente cuál era la naturaleza de aquella misteriosa enfermedad, de la que el paciente se recuperaría en apariencia para luego morir. Su pronóstico se cumplió punto por punto y el médico de cabecera le dijo: “Debería arrodillarme para pedirle perdón por las cosas que he dicho acerca de usted”. Tras aquel incidente le costó trabajo impedir que los requerimientos médicos no consumieran su tiempo. La iglesia en Aberavon creció con un flujo sostenido de conversiones. Hubo borrachos notorios que se convirtieron en cristianos gloriosos, y los obreros de ambos sexos acudían a las clases bíblicas que él y su esposa dirigían a fin de aprender las doctrinas de la fe que acababan de conocer. Y por todo Gales del Sur otras iglesias, a menudo hambrientas de una enseñanza y una predicación sólidas que afrontaran el mundo tal como era en su miseria, lo invitaban a sus púlpitos. Su reputación comenzó a extenderse por toda la región y más allá de sus confines. G. Campbell Morgan, ministro de Westminster Chapel, era quizá el evangélico más destacado del país en los años 30. En 1938, cuando escuchó a Martyn Lloyd-Jones, deseó contar con él como compañero y sucesor. Sin embargo, la cosa no era tan fácil, dado que también tenía sobre la mesa una propuesta para dirigir el Seminario Teológico de Bala: y el llamamiento de Gales y la formación de una nueva generación de ministros en la zona ejercía una poderosa atracción. Al final, el llamamiento de Westminster Chapel prevaleció, y la familia Lloyd-Jones, incluyendo sus hijas Elizabeth y Ann, se mudaron a Londres en abril de 1939. Sin embargo, su ministerio ya había comenzado allí –de forma interina– en septiembre de 1938. Campbell Morgan encarnaba la tradición evangélica de Spurgeon. Era arminiano y, aunque su exposición bíblica gozaba de gran popularidad, no trataba las grandes doctrinas de la Reforma. Martyn Lloyd-Jones, por el contrario, seguía la tradición de Spurgeon, Whitefield, los puritanos y los reformadores. Aun con todo, ambos respetaban sus respectivas posturas y cualidades y su breve relación –que se prolongaría hasta la muerte de Campbell Morgan al final de la guerra– fue enteramente feliz. El mes de septiembre de 1938 asistió a la crisis de Munich, y el futuro del nuevo ministerio quedó sembrado de incertidumbre. Durante el año siguiente, la familia vivió con la madre viuda del Doctor en la plaza Vincent y, cuando la guerra se hubo desatado, se mudaron a Haslemere en el condado de Surrey. Pero, a excepción de un breve período en el Livingstone Hall, los cultos de Westminster Chapel siguieron celebrándose hasta que un cohete V2 estalló en la Capilla de los Guardias a escasos metros de allí, y dejó al predicador y a la congregación de Westminster Chapel cubiertos por una capa de fino polvo blanco. ¡Uno de las feligresas abrió los ojos tras el estallido y, al ver a todo el mundo cubierto de blanco pensó que debía de estar en el Cielo! Durante el siguiente año, los cultos volvieron a trasladarse al cercano Livingstone Hall. Mientras tanto, el Doctor se había convertido en el único ministro de la iglesia y se había mudado a una casa pastoral en Ealing justo cuando los cohetes V2 comenzaban a llover sobre Londres. Sin embargo, tanto él y su familia como la capilla salieron indemnes: Dios le había asegurado que la capilla no sería destruida. Londres, la gran metrópolis, es un agujero para las reputaciones construidas en provincias. Ha habido grandes oradores escoceses que se han desinflado ante el exigente público londinense. Los bombardeos, los cohetes y las dificultades del transporte afectaron a las iglesias de Londres, y el estilo y el mensaje del nuevo ministro eran muy distintos de los del Dr. Cambpell Morgan. Sin embargo, la predicación del Dr. Lloyd-Jones atendió unas necesidades y su reputación no tardó en extenderse. Por cada persona que abandonaba la capilla había otro que ocupaba su lugar, y así, una vez acabada la guerra, contaba con una congregación sólidamente asentada y un renombre fuera de cualquier duda. El enfoque que tenía el Dr. Lloyd-Jones de la obra en el púlpito no seguía las huellas de Spurgeon. En lugar de ello, tenía por costumbre estudiar con detenimiento todo un libro de la Biblia, tomar un versículo o una parte de él en cada exposición y mostrar lo que enseñaba, la forma en que encajaba con la enseñanza que ofrecía la Biblia al respecto en otros pasajes y cómo toda esa enseñanza era pertinente para los problemas contemporáneos, así como el contraste entre la postura cristiana y las ideas imperantes. Procuraba mantenerse en un segundo plano e intentaba mostrar a la congregación la mente y la Palabra de Dios, dejando que el mensaje de la Biblia hablara por sí mismo. Su enseñanza expositiva tenía el doble propósito de permitir que Dios hablara tan directamente como fuera posible a cada ocupante de los bancos con todo el peso de la autoridad divina y a la vez minimizar la intervención del predicador y la disolución del mensaje directo y autoritativo por causa de distracciones e intrusiones humanas. Su estilo se caracterizaba por un preciso diagnóstico clínico que analizaba la cosmovisión mundana y demostraba su futilidad a la hora de enfrentarse al poder y la persistencia del mal, en contraste con la cosmovisión cristiana, su lógica, su realismo y su fuerza. Tenía la capacidad para revestir su análisis clínico con un lenguaje vivo y cautivador, de tal manera que quedaba grabado en el oyente. Podía fustigar las necedades del mundo y contraponer la visión de la sabiduría y el poder de Dios de tal manera que producía una fuerte reacción en la audiencia. Solían salir con el firme propósito de no volver nunca más y, sin embargo, en contra de sus intenciones, volvían a su banco el domingo siguiente hasta que, incapaces de ofrecer más resistencia al mensaje, se convertían en cristianos. Concluida la guerra, la congregación creció con rapidez. En 1947 se abrieron al público las balconadas y, desde 1948 hasta el año 1968 en que se jubiló, la congregación se cifró en una media de 1500 asistentes los domingos por la mañana y unos 2000 por la tarde. Los coloquios Los viernes por la noche prosiguió con las clases coloquiales a las que acostumbraba en sus tiempos de Aberavon. Utilizando el método socrático, inducía a los participantes a desarrollar de forma lógica las aseveraciones que expresaban con tanta seguridad. Enfrentaba ideas contrapuestas y confrontaba a sus defensores entre sí; proponía objeciones y soluciones que nadie había tomado en consideración hasta que, finalmente, conducía a la clase a una conclusión de la que pocos podían discrepar. ¡Él mismo plantaba cara a los pocos que ofrecían objeciones y los conducía por su falso razonamiento hasta llevarlos a un callejón sin salida! Luego se disculpaba y decía: “Sé que hay muchos que defienden las mismas tesis que ustedes, y no puedo ser tan despiadado con ellos en público como lo he sido con ustedes, ¡pero sé que son lo suficientemente mayores para encajarlo!”. A principios de los años 50, los coloquios de los viernes por la noche habían cobrado unas dimensiones excesivas y existía la necesidad de un estudio bíblico formal, de modo que los viernes por la noche empezaron a dedicarse a estudios bíblicos para una audiencia mucho mayor en el salón principal de la iglesia. Comenzó por una serie de doctrinas bíblicas y luego pasó al largo estudio de la Epístola de Pablo a los Romanos que más adelante se publicaría en forma de libro. Al comienzo de la guerra, el Dr. Lloyd-Jones había pasado a presidir la Confraternidad Inter-Varsity de Asociaciones Evangélicas y estaba fuertemente implicado en el asesoramiento del Dr. Douglas Jonson, su fundador y secretario general. En 1939, y luego tras el fin de la guerra, él y Douglas Jonson se reunieron con los dirigentes de los movimientos de otros países y fundaron la Confraternidad Internacional de Estudiantes Evangélicos. Tanto el movimiento británico como el internacional han crecido considerablemente desde entonces, y ambos le deben mucho a su influencia formativa. Los animó a combinar su santidad y su evangelización con un sólido esqueleto doctrinal. A quienes argumentaban que el “intelectualismo” detraía del celo evangelístico, les explicaba que una fe con una base sólida era el único fundamento seguro para la evangelización. Este cambio de enfoque fue de tremenda importancia para ganarse las mentes de los estudiantes y asegurarse de que la IVF (siglas en inglés de la Confraternidad Inter-Varsity) no se redujera a un mero entusiasmo pasajero propio de estudiantes. Nada convencido Pero Martyn Lloyd-Jones también se aseguró de que la IVF no cediera un ápice al ala liberal de la Iglesia. Adoptó la idea de Francis Bacon, el padre fundador de la ciencia moderna, de que la ciencia trataba las causas secundarias y que los seres humanos no tenían el menor motivo para creer que podían indagar en la causa primaria más allá de lo que Dios mismo había revelado. La teoría de la evolución no le convencía en absoluto mucho antes de que los científicos mismos comenzaran a expresar sus dudas. Por tal razón, no veía necesidad alguna de una “evolución teísta”: la teología venía en primer lugar. ¿Qué se nos enseñaba acerca del Creador en la Revelación que nos ha dado? La teología debía determinar nuestra actitud hacia la ciencia, y no a la inversa. Como médico destacado que era, formado en la ciencia médica, y también como teólogo, entendía tanto la teología como la ciencia y podía emitir juicios de peso. La IVF fue creciendo, mientras que con el paso del tiempo el otrora poderoso Movimiento de Estudiantes Cristianos y sus posturas liberales desaparecieron del mapa. No pasó mucho tiempo sin que su poderoso liderazgo cristalizara en un grupo de jóvenes ministros y teólogos y un foro de debate regular: la Conferencia Puritana, que se reunía regularmente cada mes de diciembre bajo su presidencia. En sus primeros tiempos contaba con anglicanos entre sus figuras más destacadas, tal como era Iain Murray. Imperaba la idea de que era preciso volver a los fundamentos teológicos de la tradición protestante, a ese período en que, pasado un siglo de la Reforma, se desarrollaron sus implicaciones teológicas. Se leían y debatían artículos y el Dr. Lloyd-Jones presidía las reuniones con inteligencia y autoridad. Se respiraba un ambiente jovial, pero no se admitían razonamientos a la ligera o extravíos teológicos. Cada año la conferencia influía en una multitud de jóvenes ministros y sentaba una postura teológica inflexible ante el auge de las éticas situacionales y el rechazo generalizado de la autoridad por parte del clero en los años 50 y 60. La editorial The Banner of Truth (El Estandarte de la Verdad) y  la revista The Evangelical Magazine contaron en sus comienzos con el apoyo y el aliento de Lloyd-Jones, que también respaldó fervientemente la obra de la Evangelical Library (La Biblioteca Evangélica). En el plano pastoral, dirigió una confraternidad pastoral cada mes desde principios de los años 40. Allí los pastores tenían la oportunidad de debatir todos los problemas a los que se enfrentaban en la iglesia y en el mundo que la rodeaba. En esta área su creciente experiencia, su profunda sabiduría y su práctico sentido común ayudaron a muchos jóvenes ministros que se enfrentaban a dificultades aparentemente singulares e irresolubles. Una persona con un liderazgo y un carácter fuertes no puede escapar a las polémicas. Creyendo, tal como era su caso, en el poder del Espíritu Santo para convencer y convertir, se oponía enérgicamente a la tradición que se había consolidado desde los tiempos de Moody y Sankey de reuniones multitudinarias arropadas por una música ambiental y emotivos llamamientos a la conversión. Aunque jamás criticara en público a evangelistas con nombre propio, nunca participó en grandes campañas evangelísticas ni les ofreció su apoyo. Billy Graham acudió a Westminster Chapel para verlo en los años 50, pero, aun cuando nunca criticó las campañas de Graham, tampoco las apoyó. Comoquiera que sea, la polémica más intensa surgió en su relación con la Iglesia anglicana. Martyn-Lloyd Jones era un ferviente defensor de la unidad evangélica. No creía en las barreras denominacionales entre quienes compartían una fe genuina; y, a medida que el movimiento ecuménico iba ganando terreno, el ala liberal de las iglesias ganaba fuerza y se hacían concesiones cada vez mayores a las ideas mundanales imperantes, se volvió de la opinión de que la respuesta adecuada era que los evangélicos abandonaran las denominaciones contemporizadoras y formaran sus propios grupos. No se hacía falsas ilusiones con respecto al destino último de estas nuevas agrupaciones eclesiásticas: también ellas podían extraviarse con el paso del tiempo. Sin embargo, sostenía que cada uno de nosotros debe hacer lo mejor para su propia generación, con independencia de lo que pueda suceder más adelante, y que el movimiento ecuménico ponía en una situación imposible a quienes seguían la larga genealogía de la genuina teología cristiana. La crisis estalló en una reunión que presidía el reverendo John Stott, dirigente del ala evangélica de la Iglesia anglicana. Martyn Lloyd-Jones hizo un llamamiento tremendamente poderoso a la multitudinaria audiencia para que abandonara las denominaciones contemporizadoras. La reunión produjo un cisma: los evangélicos anglicanos se fueron por un lado y los evangélicos de iglesias independientes fueron por el otro. Cuando la Unión Congregacional se unió a la Iglesia Presbiteriana de Inglaterra, Westminster Chapel abandonó la primera y pasó a formar parte de la Confraternidad de Iglesias Evangélicas Independientes. Muchos de los ministros evangélicos afiliados a la Unión Bautista y a la Iglesia metodista abandonaron tales instituciones, algunos de ellos por su cuenta y otros acompañados de sus congregaciones. El Consejo Británico Evangélico aglutinó a la FIEC (siglas en inglés de la Confederación de Iglesias Evangélicas Independientes) y otras denominaciones evangélicas menores. Estas iglesias han plantado cara a la tendencia secularizante, mientras que las iglesias independientes tradicionales han caído en una profunda decadencia. En el bando anglicano, algunos teólogos adoptaron un papel destacado en el intento de buscar una conciliación entre las alas evangélica, anglocatólica y liberal, y, de la manera más lamentable, la Conferencia Puritana a la que habían contribuido inicialmente quedó desintegrada. En lugar de ella, los que tenían el mismo concepto del movimiento ecuménico que el Dr. Lloyd-Jones, fundaron la Conferencia de Westminster, que él mismo siguió presidiendo y dirigiendo con ímpetu. Esto impidió que la cuestión se convirtiera en continuo motivo de fricción entre la mayoría opuesta al movimiento ecuménico y la minoría que creía en mantenerse en denominaciones afines al ecumenismo. Siempre había reivindicado la forma en que los calvinistas metodistas galeses combinaban la doctrina de los calvinistas con el entusiasmo metodista. En los años 60 comenzó a preocuparle que el renovado acento en la sana doctrina reformada derivase en una aridez doctrinal. A fin de contrarrestar este peligro empezó a recalcar en su enseñanza el valor de la experiencia. Solía hablar de la necesidad de un conocimiento experimental del Espíritu Santo, de la seguridad plena por medio del Espíritu, y de la verdad de que Dios se relaciona de forma directa e inmediata con sus hijos; y tenía por costumbre utilizar ejemplos extraídos de la historia de la Iglesia para demostrarlo. A principios del año 1968, a la edad de 68 años, el Dr. Lloyd-Jones fue sometido a una grave operación quirúrgica y, aun cuando se recuperó plenamente, decidió que, después de treinta años de ministerio en Westminster Chapel le había llegado la hora de jubilarse. Se mire por donde se mire, Dios había bendecido grandemente su ministerio. Se había mantenido un caudal constante de conversiones, muchas de ellas extraordinarias, y, por encima de todo, personas de toda extracción social habían sido instruidas en la anchura y la profundidad de la doctrina cristiana. En Westminster Chapel se daban cita soldados del cercano cuartel de Wellington, trabajadores de hoteles y restaurantes del West-End3, enfermeras de los hospitales más importantes, actores y actrices de los teatros del West-End, funcionarios de todo rango de Whitehall, y parados de larga duración procedentes del albergue del Ejército de Salvación. Su último sermón, con fecha del 8 de junio de 1980, se predicó en la iglesia de un ministro que había acudido a Westminster Chapel como un obrero de la construcción recién convertido, y tan grosero e insolente como quepa imaginar. El Dr. Oliver Barclay, sucesor de Douglas Jonson y secretario general de la IVF (hoy día UCCF), era asiduo de Westminster Chapel, como también su sucesor, el Dr. Robin Wells. La iglesia estaba siempre llena de estudiantes, especialmente extranjeros, entre los que se contaba Moi, el hoy presidente de Kenya. La iglesia china solía acudir por las mañanas y muchos miembros de los Hermanos de Plymouth por las tardes. Cuando los Hermanos Cerrados se dividieron, muchos de los que vivían en Londres acudieron a Westminster Chapel. Y, por supuesto, había muchos profesionales liberales, maestros, abogados, contables y puede que un porcentaje más que considerable de personas con taras mentales. Jóvenes y ancianos, ricos y pobres, hombres y mujeres, personas brillantes y ordinarias: todos parecían acudir de igual manera a escuchar el mensaje cristiano presentado con una fuerza y una autoridad raramente igualadas. Después de los cultos acudían a su despacho toda clase de personas, a las que podía llegar a escuchar con paciencia y aconsejar con sabiduría durante largas horas. Una de ellas escribía: “Tengo un grato recuerdo de haber acudido a él en un momento de gran necesidad espiritual, aunque fuertemente intimidado por su tremenda categoría pública. Su bondad y su generosidad, junto con la sensatez y sencillez de sus consejos, se granjearon mi afecto. Su mente y su brillantez como predicador le ganaban el respeto y la admiración; su otra vertiente más delicada, que pude comprobar en privado, le inducía a uno a amarlo”. En los doce años que pasaron tras su jubilación, prosiguió en la Confraternidad y en la Conferencia de Westminster, y dedicó buena parte de su tiempo a aconsejar a otros ministros, a responder cartas y a hablar interminablemente por teléfono. Liberado de la rígida rutina de los domingos en Westminster, pudo dedicar más tiempo a los compromisos externos que había tenido como ministro, especialmente dedicando fines de semana a causas pequeñas y remotas, que tanto gustaba de alentar. Tras numerosas protestas, comenzó a participar en algunos programas de televisión. Cuando Joan Bakewell expresó en un programa televisivo nocturno su sorpresa por que aún hubiera personas que escucharan ideas tan anticuadas, él replicó: “Quizá sean anticuadas, pero aún pueden llenar el Free Trade Hall en Manchester. Nómbreme un solo político moderno capaz de eso”. Dondequiera que iba, llenaba auditorios e iglesias. Creía que, aun en una época secular, las personas responden a la Verdad sin componendas; una idea que vio confirmada al presenciar cómo las iglesias liberales se iban despoblando mientras los evangélicos mantenían su causa. Volvió a recorrer Europa y EE.UU., pero no aceptó invitaciones para volver a otros países o visitar alguno nuevo. Quizá el efecto más duradero de aquellos años fue el tiempo que le ofrecieron para transcribir sus sermones en formato de libro. Ya había publicado un reducido número de libritos como Why does God allow war? (¿Por qué permite Dios la guerra?) y La depresión espiritual, que fue un éxito de ventas. El primero de los libros de gran formato fueron los dos tomos de El Sermón del Monte. Luego se propuso publicar dos nuevas series –sobre Efesios y Romanos–, lanzando uno o dos libros al año. Aunque los sermones son notoriamente impublicables hoy día, todos los volúmenes de estas series se venden bien por todo el mundo anglohablante, lo cual demuestra que existe una demanda real de una exposición bíblica razonada, analítica y práctica. Recibió multitud de cartas de todos los rincones del planeta. Un día, por ejemplo, recibió la visita del Revdo. Chuck Smith, de la Calvary Church, en Costa Mesa, California, que le hizo saber que sus libros habían transformado su predicación. En un tiempo había llegado al colapso mental en el intento de utilizar su propia personalidad para transmitir el mensaje. Desde aquel entonces había dejado que la Biblia hablara por sí sola, y afirmaba que su ministerio y su salud se habían beneficiado muchísimo a resultas de ello. ¡Lo que no le dijo es que su congregación se cifraba en 24 000 personas los domingos por la mañana! Martyn Lloyd-Jones tuvo un hogar muy feliz, que abría cada Navidad a los miembros de la iglesia que no tenían techo. Antes de Navidad, tras haber hecho su ronda de villancicos, los miembros de la iglesia acudían a la casa pastoral y la noche concluía con una feroz partida de tenis de mesa entre él y su esposa, jaleados por el grupo que los rodeaba. En su retiro acostumbraba a enzarzarse en debates con sus nietos mayores. Ellos se comportaban como cachorros que asaltan a un viejo león, con un atrevimiento que nadie más tendría, espantados por un gruñido, pero volviendo al ataque de inmediato. En 1979 la enfermedad se presentó de nuevo y se vio obligado a cancelar todos sus compromisos. Era realista con respecto a la perspectiva de volver a predicar. Ya había visto a demasiados hombres seguir predicando hasta mucho después de cuando debían haberlo dejado.  En la primavera de 1980 pudo retomar la predicación de nuevo, pero una visita al Charing Cross Hospital en mayo reveló que su enfermedad requería un tratamiento más agresivo que le impediría predicar. Entre cada agotadora sesión en el hospital, que afrontó con valor y dignidad, siguió trabajando en sus manuscritos y ofreciendo consejo a los ministros, pero llegada la Navidad ya se encontraba demasiado débil para ello. Comoquiera que sea, pudo pasar tiempo con su biógrafo (Iain Murray, su antiguo ayudante) hasta el último momento. Hacia finales de febrero de 1981, con una gran paz y una esperanza cierta, consideró que había concluido su obra terrenal. Dijo a los parientes más próximos: “No oréis por mi curación, no intentéis privarme de la gloria”. El 1 de marzo, día de S. David y del Señor, pasó a la gloria de la que tanto había predicado para encontrarse con el Salvador al que tan fielmente había proclamado.   NOTAS  1En la calle Harley de Londres se encuentran muchas de las clínicas privadas más prestigiosas de Inglaterra. (N. T.). 2Novela de A.L. Cronin que narra las vicisitudes de un joven médico enfrentado a las difíciles condiciones sociales de Gales del Sur. (N. T.). 3Zona pudiente de Londres. (N. T.).


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